
A partir del momento en que los Gitanos se asientan en Andalucía su aportación al Flamenco es fundamental, desde su llegada a principios del siglo XV, fueron extendiéndose por toda la región y en cada zona que se establecen forman núcleos y familias que adaptándose a las formas y costumbres del lugar van diferenciándose también sus cantes y las diferentes vertientes fueron formando los distintos estilos de acuerdo a cada zona.
Después de la expulsión de los judíos y la rendición del últmo baluarte árabe -hecho que coincide, más o menos, con la llegada a la Península de de las primitivas tribus de gitanos- fueron creándose en la España del siglo XVI unos imprecisos estamentos sociales, formados por individuos de muy diversa procedencia y mentalidad: moriscos y juidaizantes, gitanos y campesinos sin tierra, gentes dispersas y errabundas perseguidas por la Inquisición o escapadas del destierro o la clandestiniddad. En este marco resultaría una voz personalísima y profunda, el alma de Andalucía y comienza a gestarse en la más honda de sus dimensiones: el cante flamenco.
Los historiadores del Flamenco señalan los últimos años del siglo XVIII como el momento en que comienza a manifestarse el Flamenco. En sus primeras décadas se oficiaría como un rito doméstico en el que se canta y cuenta toda la tragedia personal de sus protagonistas, así como sus alegrías. No olvidemos que el flamenco viene de dos fuentes: una la emoción de la tristeza, y otra, la emoción de la alegría, porque tanta fuerza tiene una como otra.

0 comentarios: